14/12/2020

Discurso de aceptación – Lottie Cunningham Wren

El premio se utilizará en estos momentos cruciales para seguir buscando la justicia social para todas las comunidades indígenas y afrodescendientes en la costa caribeña de Nicaragua.

Buenas tardes y buenas noches a todos los que están escuchando la ceremonia, y muchas gracias Parul Sharma.

En primer lugar, me gustaría expresar mis más sinceras felicitaciones a mis compañeros galardonados del Right Livelihood Award 2020. Para mí es un privilegio compartir este momento con ustedes.

Mi equipo y yo nos sentimos honrados por este reconocimiento.

Afirmo al mundo y a Nicaragua que no asumo este premio a título personal sino en nombre de los pueblos indígenas de Nicaragua, particularmente de los que han dado su vida defendiendo a la Madre Tierra, y de las mujeres indígenas y afrodescendientes del Costa Caribe de Nicaragua que luchan día a día por la vida y el territorio.

Asimismo, acepto el Premio en un momento en el que más de 270 comunidades indígenas, afrodescendientes y otras comunidades de Nicaragua han sido devastadas por dos huracanes en menos de 15 días, dejando a miles de indígenas sin alimentos, agua potable, casas y techos.

No podría hacerlo sin esos defensores de derechos humanos que están dentro de las comunidades, para ellos un agradecimiento especial, también a mi maravillosa familia que me apoya y a mis muchos socios que han colaborado con nosotros durante todos estos años para lograr los sueños de mi gente.

Como mujer indígena con una profunda fe en Dios, he levantado esta pequeña voz para los pueblos indígenas y afrodescendientes que no tienen voz, para poder compartir los testimonios de las mujeres indígenas sobre su dolor y su lucha.

Los pueblos indígenas y afrodescendientes viven en 304 aldeas en 23 territorios. El 90% de nuestros territorios enfrenta la invasión masiva de colonos, la mayoría de ellos acaparadores de tierras armados. Estos colonos talan nuestros bosques, extraen nuestros minerales y crían ganado en nuestras tierras. Están expulsando a mi gente de sus tierras de cultivo y de sus aldeas, donde solían realizar actividades tradicionales como la caza, la pesca y la recolección de plantas medicinales. Estamos frente a una crisis humanitaria.

Si bien Nicaragua tiene una de las leyes más amplias en materia de derechos indígenas, reconociendo la autonomía de las comunidades en el manejo de sus tierras y recursos naturales y estableciendo un proceso específico de demarcación y titulación, todo sigue siendo una promesa en papel. El Estado de Nicaragua se ha negado a implementar acciones concretas para proteger la vida, el territorio y la identidad cultural de los pueblos indígenas.

He caminado mucho tiempo con mi gente, con quienes tienen hambre y sed de justicia, quienes sufren las restricciones a su movilidad por el desplazamiento forzado, quienes sufren la violencia, la destrucción del medio ambiente o la violación de sus derechos básicos. Es por ellos que estoy aquí.

Mi gente está sufriendo bajo el acaparamiento armado de tierras, la pandemia de Covid-19 y ahora dos huracanes directos que han arrasado casas, animales de granja, cultivos y alimentos almacenados.

Sin embargo, me siento optimista sobre las enseñanzas de mi abuela quien me enseñó muchos valores y principios para vivir en armonía con la Madre Naturaleza. Esto me motiva a continuar la lucha por lograr los sueños de mi pueblo para que un día prevalezca la justicia social, la autodeterminación y la gestión de nuestros propios territorios.

El premio se utilizará en estos momentos cruciales para seguir buscando la justicia social para todas las comunidades indígenas y afrodescendientes en la costa caribeña de Nicaragua y para apoyar a las comunidades en la emergencia humanitaria.

Gracias a todos por creer en nosotros y elegirnos para este premio tan importante.